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Internet de las cosas
16 de Agosto de 2016

Internet of Tomatoes: en busca del tomate perfecto

Internet of Tomatoes: en busca del tomate perfecto

Internet of Tomatoes: en busca del tomate perfecto

Escrito por , 16/08/2016

En ensalada, gazpacho, salmorejo… el tomate cobra protagonismo en estas fechas. Pero me imagino a los habitantes de Nueva Inglaterra, una región situada al noreste de los Estados Unidos, cuya ciudad más importante es Boston, quejándose de lo complicado que resulta conseguir un tomate que sepa realmente a tomate. Esa zona es un importante centro de educación, alta tecnología, seguros, medicina y turismo pero, desde luego, nunca ha sido conocida por sus tomates. Es más, los tomates producidos allí son especialmente insípidos y normalmente acaban convertidos en kétchup o en sopa de tomate.

Precisamente para averiguar por qué los tomates de Nueva Inglaterra son tan malos, la empresa Analog Devices Inc (ADI) arrancó el proyecto Internet of Tomatoes, cuyo fin último era conseguir el tomate perfecto, irresistible en apariencia y sabor. Para lograrlo, unas cuantas granjas seleccionadas utilizaron una serie de sensores (el Harward of Tomatoes) que recogían continuamente datos de las condiciones medioambientales en los campos de cultivo: humedad, temperatura, horas de sol, etc. Estos sensores tenían que ser resistentes porque iban a estar siempre al aire libre y bajo condiciones climáticas muy variables y, además, como en los campos de cultivo no suele haber tomas de electricidad, también debían ser de muy bajo consumo.

Los datos recogidos debían enviarse a la nube para ser procesados, estudiados y combinados con otras informaciones como los ciclos de gestación de los escarabajos y demás insectos que habitan en Nueva Inglaterra. Dado que en los campos de cultivo tampoco suele haber buena cobertura de Internet, los sensores instalados enviaban sus datos vía bluetooth a dispositivos ubicados en otros lugares desde donde sí podían conectarse a la nube.

El resultado era información enviada en tiempo real a los smartphones de los agricultores con instrucciones para que regaran más o menos, fumigaran en el momento adecuado, abonaran el campo o decirles exactamente cuándo debían recolectar su cosecha de tomates.

Otra parte del proyecto consistía en estudiar en detalle el perfil químico del tomate para identificar claramente qué elementos de su composición lo hacen más sabroso y cuál debe ser la proporción exacta de los mismos. Para evitar hacer puré los tomates en los análisis químicos, se desarrollaron sensores ópticos que escaneaban los tomates sin destruirlos, con la misma tecnología de infrarrojos utilizada en las gafas de visión nocturna de los soldados. Se obtuvo la cantidad de fructosa, sacarosa, glucosa, carbohidratos, sal y otros componentes de los tomates ganadores del Boston Tomato Contest, el Concurso de tomates de Boston de 2015, para luego compararla con las composiciones de los tomates recogidos en Nueva Inglaterra y así averiguar de qué elementos carecían, a la vez que se estudiaba la relación entre esos elementos que convierten a un tomate normal en un “supertomate” y las condiciones ambientales de las granjas donde se cultivan.

El resultado final: tomates más saludables y sabrosos y agricultores muy satisfechos.

Este proyecto sirve como ejemplo de los potenciales beneficios para la agricultura que hay detrás de la utilización de las nuevas tecnologías, especialmente del Internet of Things o M2M: mejores rendimientos de las cosechas, menos dependencia de los pesticidas, reducción de costes para los agricultores, optimización del consumo de agua para el riego… La consecuencia final es que la calidad de las cosechas aumenta y por tanto pueden venderse en otros canales (supermercados, restaurantes…) que pagarán más por ellas y, de paso, los consumidores obtendrán productos de más calidad. Además, en un país como España, donde el sector agrícola consume más del 70 por ciento del agua disponible y utiliza el 60 por ciento de la superficie, el 20 por ciento de la cual es de regadío, la gestión del agua para el riego es de capital importancia.

A pesar de los beneficios que se derivan de la utilización del M2M en la agricultura, todavía existen importantes barreras que superar para aumentar su adopción por parte de los agricultores. Por un lado está la falta de formación en tecnología de muchos de ellos, que provoca que “no se fíen” de unos dispositivos que les invitan a hacer su trabajo de manera diferente a como lo llevan haciendo desde siempre. Y, por otra parte, está el precio de muchas de estas soluciones, difícilmente abordable para muchos pequeños agricultores.

Sin embargo, están surgiendo modelos de negocio en los que el proyecto es totalmente gratuito para los agricultores a cambio de ceder los datos de sus cosechas con el fin de que las empresas que instalan la tecnología puedan venderlos, de forma anónima y agregada, a otras empresas de la cadena de producción de la agricultura (productores de semillas, de pesticidas, de fertilizantes…) para que conozcan de forma objetiva cuál es el resultado final de sus productos, o también a mayoristas y comerciantes, que de esta manera podrán crear ofertas acordes con la verdadera calidad del producto que venden.

Y una anécdota para terminar: en la Europa del siglo XVIII el tomate se conocía como “la manzana venenosa” porque se creía que los aristócratas enfermaban y morían después de comerlos. La causa no estaba en los tomates, sino en los platos, que en aquella época solían estar hechos de peltre, que contiene plomo. Al ser una fruta muy ácida, los tomates dispuestos en los platos provocaban que se liberara el plomo que contenían, lo que desencadenaba el lento envenenamiento de los comensales, con el tomate como supuesto culpable. Poco a poco, a base de consumirlo en pequeñas cantidades y de ver que en otros sitios se comía sin problemas, se fue extendiendo el uso del tomate hasta nuestros días. Algo parecido debería suceder con las nuevas tecnologías aplicadas a la agricultura. Existen unas lógicas reticencias iniciales a su utilización, pero viendo el éxito de experiencias como las de los tomates de Nueva Inglaterra y la cada vez mayor demanda de calidad en los consumidores, es de esperar que las nuevas tecnologías se vayan extendiendo y complementando a los métodos tradicionales en la agricultura, para beneficio de todos.

Imagen: Virany

Sobre el autor

Roberto García Esteban

Roberto García Esteban

Ingeniero de Telecomunicaciones por la UPM, diplomado en Administración y Dirección de Empresas en la UNED y MBA Executive por el Instituto de Empresa. Actualmente trabajo como responsable de la Oferta Global para pymes en Telefónica Digital. Soy muy futbolero (por supuesto, del Real Madrid ), si bien me gusta seguir y practicar todo tipo de deportes (es fácil que me veas en una carrera popular por las calles de Madrid). Aunque mi verdadera pasión es jugar con mis dos hijos pequeños.
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