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Internet de las cosas
14 de Diciembre de 2016

La conectividad como cordón umbilical en el desafío Global rider

La conectividad como cordón umbilical en el desafío Global rider

La conectividad como cordón umbilical en el desafío Global rider

Escrito por , 14/12/2016

Éste es un dicho de motero: cuatro ruedas mueven el cuerpo, pero dos ruedas moverán el alma… ¡y darán la vuelta al mundo!

Y lo cierto es que el viaje en solitario de Hugo, nuestro global rider, explorador digital y motero de Telefónica, finalizó y consiguió cruzar el mundo en 80 días. Una aventura que, sobre todo, ha movido corazones, ya que gracias a ella se ha dado un paso adelante en la investigación con células madre de la necrosis avascular. Esto fue en agosto y, cuando el año termina, es hora de reflexionar y de recuperar los aprendizajes del camino.

Yo hoy, aparte de los aspectos evidentes de superación personal del protagonista, quiero referirme al aspecto tecnológico y su utilidad práctica. Si hubiera que resumir el viaje desde este punto de vista, diríamos que se trató del gran hito del explorador conectado.

Tuvimos una moto cargada de tecnología, una moto que quizá presagie los vehículos de los que dispondremos en la próxima década. Y no hablo del casco y de los guantes que medían parámetros físicos y emocionales (que también), o de la plataforma IoT que mostraba la localización de forma precisa, me refiero fundamentalmente a la propia conexión. Puede sonar manido, pero creo que no somos capaces aún de verlo en toda su magnitud.

Nos cuenta Hugo, que cuando se ”sentía” desconectado era cuando realmente se encontraba inseguro. La conectividad gestionada M2M (nuestra smart M2M de Telefónica) era el único cordón umbilical que lo unía a casa. Y él, como le pasa a los cosmonautas que viajan a las estrellas, también tuvo momentos de “sombra” en el camino, que son los peores.

Imaginémoslo solo, cruzando un erial inabarcable y siguiendo las rodadas de los transportes que por allí transitaron quién sabe cuándo. Un monitor indicaba la situación de la conectividad de la moto, y ése era su asidero, su salvavidas real. Era más importante mirar aquel display con su lucecita que el cuentakilómetros o cualquier otro testigo de la moto, más que mirar el propio GPS, porque solo había un camino que seguir en aquella inmensidad. Cuando no había conexión, ya que no existía cobertura, Hugo se encontraba aislado.

Y el miedo a las caídas y a quedarse atrapado debajo de los 320Kg de peso de su Super Tenere Yamaha era una pesadilla que revolvía el estómago: y esto pasa muchas veces, por desgracia, entre los motoristas, con funestas consecuencias. Por ejemplo, en EE.UU., un hombre estuvo ocho días atrapado debajo de su imponente Goldwind, hasta que finalmente un amigo lo echó en falta y, siguiendo las pocas indicaciones que recordaba, dio con él. El motorista claro que llevaba su móvil asido al manillar pero, con tan mala suerte, que no llegaba a poder usarlo, y todo por unos escasos centímetros. Esa solución no es suficiente, como se ve. Pero al final él fue afortunado. Peor suerte han corrido otros, máxime si se han salido de las carreteras principales, pues las probabilidades de localizarlos allí son nulas. Cedric Dell’Ova murió de un paro cardiaco en Perú, en un camino secundario, y tardaron un mes y medio en dar con él.

Hugo se cayó tres veces en medio del barro. Por fortuna, la moto contaba con un dispositivo que medía la inclinación y la velocidad de un giro brusco. En Kazakhstan, en medio de la nada, cayó al suelo y saltó automáticamente un evento de accidente… Todos nos asustamos. A los quince segundos lo estábamos llamando y, a través del móvil, nos decía que se encontraba bien, que no le había pasado nada. En otras ocasiones la información de la moto pudo ayudarnos a descartar algunas falsas alertas: por ejemplo, una vez, en Turquía, el botón de pánico de la moto se activó accidentalmente y no conseguimos contactar con él, pues tenía su móvil apagado. Pero las coordenadas mostraban una conducción uniforme y sin ninguna eventualidad. Esto nos tranquilizó y pensamos que era una falsa alarma puesto que el botón de pánico, en nuestro protocolo de comunicación con Hugo, significaba que “algo muy grave me está pasando”. Cuando paró a descansar aquel día, aprovechamos y, como sabíamos dónde estaba, llamamos a un hotel que aparecía en dicha localización, pues presentíamos que allí haría noche. Imaginad la escena: unos españoles diciéndole al recepcionista turco que por favor saliera a la calle en busca de un motorista recién llegado, porque necesitábamos comprobar que se encontraba bien de manera urgente. Ni de agentes secretos.

Pero todo esto es una demostración fidedigna de un futuro servicio de localización para motoristas en caso de caídas. Ahora es solo un demostrador, pero mañana se convertirá en un elemento de serie o que compraremos en un supermercado.

Y si algún fabricante lee esto, lo emplazo a ponerse en contacto con nosotros porque lo podremos ayudar a construirlo y llevarlo al mercado o, al menos, a testarlo. Y si eres motorista, escríbeme también. Dime si lo necesitas y cuánto pagarías por él porque queremos que lo tengas. De momento hay algunas experiencias del sistema eCall para motos, aunque la Comisión Europea aún no ha establecido ninguna fecha para su obligatoriedad.

Creo que la idea de Hugo puede salvar muchas vidas y cada minuto cuenta.

Ojalá que el sueño del explorador, del Global Rider, desemboque en otro sueño, quizá, si cabe, mayor: la nueva moto conectada y segura.

Imagen: Andrii Lutsyk/shutterstock

Sobre el autor

Félix Hdez. de Rojas

Félix Hdez. de Rojas

43 años. Vallisoletano. Ingeniero Superior de Teleco y MBA por ESADE. Profesor de emprendimiento digital en la UEM. Emprendedor, visionario y apasionado por las TICs. Creo en la transformación y en el gran valor que aporta la hiperconectividad y la IoT a nuestra sociedad de la información. Ya con muchos años de experiencia y cada vez con más ganas de aprender de todo un poco. Me siento un niño recién parido. Dispuesto a vivir nuevas aventuras: El marketing y los contenidos digitales... Quién quiera saber más que me pregunte. O que busque mi nombre en Google. ¡Ah!, también escribo: visitad mi eloterodelalechuza.com o mis novelas, Spanish Texas y Tempus Fugit Est.
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