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Innovación
16 de Septiembre de 2016

El uso de la tecnología en el deporte está cambiando las reglas del juego

El uso de la tecnología en el deporte está cambiando las reglas del juego

El uso de la tecnología en el deporte está cambiando las reglas del juego

Escrito por , 16/09/2016

Los avances tecnológicos llevan años desempeñando un papel muy importante en los logros deportivos. Echemos la vista atrás hasta un domingo de 1971 cuando Bill Bowerman, un entrenador americano de atletismo, se fijó en la plancha con la que su mujer cocinaba los gofres que tanto le gustaban. Se le ocurrió entonces que una zapatilla cuya suela tuviera esa misma forma sería mucho más cómoda y ligera que las habituales de clavos de la época. Bill esparció caucho líquido en los 15 centímetros de la plancha y fabricó una suela con forma de rejilla, ultraligera, que amortiguaba los golpes, tenía mucha tracción, y ahorraba a los atletas el esfuerzo equivalente a levantar unos 35 kg en una carrera de un kilómetro. Y con ella llegó la revolución de las zapatillas, hasta el punto de que, poco después, Bill fundó una empresa de calzado deportivo a la que llamó como la diosa griega de la victoria, capaz de correr y de volar a gran velocidad: Niké.

La innovación tecnológica en el mundo del deporte no ha cesado desde entonces, y los recientes juegos de Río nos han mostrado novedades realmente increíbles en multitud de áreas. En cuanto a materiales y equipamiento, la utilización de la impresión 3D ha sido lo más destacado. La marca Under Armour, por ejemplo, ha realizado escaneados 3D del cuerpo de los atletas americanos para fabricar ropa lo más ligera posible, que se adapte perfectamente a su anatomía y reduzca, así, resistencias y fricciones. También la firma de bañadores Speedo ha realizado escaneados 3D de las cabezas de los nadadores para fabricar gorros que encajen exactamente con las dimensiones de sus cabezas y lograr con ello una forma más hidrodinámica. Nike, por su parte, ha encontrado otro uso de las impresiones 3D, al crear unas cintas de silicona con pequeñas protuberancias que se pegan a la ropa o a la piel de los atletas. Tras testar el invento en un túnel de viento, comprobaron que esas pequeñas protuberancias podían mover el viento alrededor del cuerpo de los atletas y disminuir su resistencia.

Por otro lado, los wearables son desde hace años una ayuda fundamental para el entrenamiento de atletas y nadadores, que los utilizan para medir su rendimiento, su gasto energético y otros parámetros similares. Pero ahora también se utilizan en deportes en los que la precisión es lo más importante. Los saltadores de trampolín han utilizado en los juegos olímpicos de este verano dispositivos sumergibles para medir con total exactitud la altura de sus saltos, el ángulo y la velocidad de sus acrobacias y la verticalidad con la que entran en el agua. De forma similar, también se ha creado un dispositivo especialmente pensado para los boxeadores, que se aloja en sus guantes y permite conocer la velocidad, precisión y potencia del golpe. O las gafas inteligentes, una especie de Google Glass especiales para ciclistas, que muestran la velocidad del pedaleo, la distancia recorrida, las calorías consumidas o la frecuencia cardíaca. La información se muestra en la lente a escala de la retina, teniendo en cuenta los datos biométricos del ojo, para que no impida a los ciclistas ver la carretera o la pista y les resulte sencillo consultar estos datos en cualquier momento.

La diferencia entre hace 40 años, en los tiempos de Bill Bowerman, y ahora es que entonces la investigación se centraba principalmente en el equipamiento deportivo, pero era difícil evaluar su incidencia real en los resultados de los atletas. Hoy en día el desarrollo de la informática sí permite medir el impacto de las nuevas tecnologías en el deporte y puede comprobarse que los resultados mejoran sustancialmente hasta el punto de que están obligando a cambiar las reglas de algunas disciplinas. La Federación Internacional de Ciclismo (UCI) ha fijado el peso mínimo que debe tener una bicicleta para controlar el empleo de materiales y diseños y en el pasado Tour de Francia se usaron por primera vez cámaras térmicas para hallar motores eléctricos ocultos, como el que se encontró dentro de una de ellas en el último mundial de ciclocrós celebrado en Bélgica.

O, por ejemplo, la Federación de Natación (FINA) tuvo que fijar las características de los bañadores cuando Speedo, en los juegos olímpicos de Pekín en 2008, equipó a los nadadores con su bañador de cuerpo entero LRZ, inspirado en la piel de los tiburones y fabricado con materiales de la NASA, lo que permitió batir 23 récords del mundo en esos juegos. Desde enero de 2010 están prohibidos los bañadores que cubran todo el cuerpo del nadador y deben estar fabricados con algún material “textil”.

La pregunta que surge es si el hecho de poder acceder a la mejor tecnología representa una ventaja injusta para los atletas de los países ricos frente a los que provienen de otros menos desarrollados. La esencia del deporte es que los rivales puedan competir bajo las mismas reglas y condiciones, por lo que si la tecnología más cara sirve para marcar diferencias importantes, iría contra la esencia misma de la competición. Pero, por otra parte, es humano tratar de mejorar y alcanzar metas impensables unos cuantos años atrás, para lo cual la tecnología es una ayuda fundamental. De hecho, la Agencia Mundial Antidopaje (AMA) ya habla de “dopaje tecnológico” para referirse al uso de la tecnología “en contra del espíritu del deporte”. La AMA lo reconoce como “una amenaza” aunque la decisión de prohibir o no una determinada tecnología corresponde a los órganos de gobierno internacionales de cada deporte, que son quienes deben decidir en cada caso si un determinado avance tecnológico es una ayuda legal para superar marcas o si, por el contrario, es una trampa. Mientras tanto, los aficionados seguimos disfrutando de las hazañas de los deportistas, hazañas impulsadas en cada vez mayor medida por la aplicación de la tecnología.

Imagen: Pixabay

Sobre el autor

Roberto García Esteban

Roberto García Esteban

Ingeniero de Telecomunicaciones por la UPM, diplomado en Administración y Dirección de Empresas en la UNED y MBA Executive por el Instituto de Empresa. Actualmente trabajo como responsable de la Oferta Global para pymes en Telefónica Digital. Soy muy futbolero (por supuesto, del Real Madrid ), si bien me gusta seguir y practicar todo tipo de deportes (es fácil que me veas en una carrera popular por las calles de Madrid). Aunque mi verdadera pasión es jugar con mis dos hijos pequeños.
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