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Internet de las cosas
10 de octubre de 2014

¿Conduces un Apple o un Android?

¿Conduces un Apple o un Android?

¿Conduces un Apple o un Android?

Escrito por , 10/10/2014

Estos dos gigantes de la tecnología se pelean diariamente por un huequecito en nuestros corazones, luchan por esa pequeña o gran cuota de tiempo que dedicamos a relacionarnos con la tecnología y despiertan todo tipo de pasiones entre sus consumidores.

Ahora quieren luchar por el tiempo que empleamos al volante, Apple Carplay y Android Auto acaban de llegar y la inocente pregunta que abre este post guarda las claves de la fuerte sacudida que la industria del automóvil va a recibir.

Un poco de historia: el precedente móvil

Al inicio de la primera década de este siglo iOS y Android no eran más que embriones en las mentes de algunos ejecutivos de Silicon Valley. La industria de las telecomunicaciones se encontraba inmersa en una fortísima expansión en la que operadores y fabricantes dominaban el mercado, mientras los consumidores nos concentrábamos casi de manera exclusiva en la calidad de la red y en el terminal, y servicios como mobipay, orientados a pagos móviles, la geolocalización e, incluso, la navegación por Internet se quedaban como algo más relacionado con la ciencia ficción y el cine de Hollywood que con el día a día de cada uno de nosotros.

Con la llegada de Apple y Google como elementos disruptores en la industria, el panorama cambió radicalmente. Con iOS y Android surgieron no sólo sistemas operativos, sino ecosistemas capaces de generar un inmenso valor tanto para sus dueños como para terceros a través del desarrollo y venta de aplicaciones y servicios. La cadena de valor del sector cambió rápidamente y el triunfo de los servicios over the top se consolidó de manera abrumadora.

Ahora que Apple Carplay y Android Auto están comenzando el desembarco en nuestros vehículos, es inevitable lanzar una mirada al pasado y hacerse algunas preguntas.

La postura de los fabricantes: el gran dilema

Sus estándares en cuanto a la seguridad a bordo, el rechazo a adquirir responsabilidades legales asociadas a un mal uso de aplicaciones durante la conducción, y el hecho de que, no lo olvidemos, su negocio no esté relacionado ni con el software ni con la venta de aplicaciones, les han llevado a estar en el actual punto de inflexión.

Y es que hasta ahora el infoentretenimiento a bordo era un factor poco valorado durante el proceso de elección de un vehículo, sin embargo la componente tecnológica pesa cada vez más en las decisiones de los consumidores a la hora de comprar un coche.

Gráfico ilustrativo sobre la influencia de la tecnología a bordo y su impacto en la decisión de compra de un vehículo. Fuente: Accenture connected vehicle survey – What Drivers Want |Noviembre 2013

A raíz de este tipo de datos, los fabricantes se han dado cuenta de que el nivel de personalización en servicios digitales que demanda el mercado está creciendo a una tasa muy superior a la que ellos pueden manejar. Se enfrentan al dilema de continuar manteniendo el control sobre sus sistemas de entretenimiento e información a bordo, y arriesgarse así a quedarse atrás en la revolución digital, o aliarse con Google y Apple y asumir el duro golpe que representa abrir las puertas de su negocio para que sean otros los que hagan dinero, centrándose de manera exclusiva en la fabricación de modelos adaptados a las nuevas expectativas de los consumidores y adentrándose en la lucha contra la comoditización de sus productos.

¿Realmente hay elección?

No deja de ser curioso el hecho de que empresas ajenas al negocio de la automoción tengan la posibilidad de cambiar de una manera tan rápida las reglas del juego en una industria consolidada como es la del automóvil. Pero lo cierto es que si tenemos en cuenta el importantísimo referente móvil y la inteligente solución que proponen Apple y Google para sus respectivas plataformas en cuanto a: frecuencia de actualizaciones, capacidad para el control de contenidos, facilidad de despliegue de aplicaciones y las expectativas sobre los futuros servicios que se puedan desarrollar, consumidores y desarrolladores van a recibir esta disrupción con los brazos abiertos.

Aquellos fabricantes que no sean capaces de subirse a esta ola van a tener difícil competir en el nuevo mercado que se está forjando. Realmente no hay alternativa, por lo que muchos de ellos ya han anunciado acuerdos para integrar sus vehículos con las dos plataformas.

Todo gira en torno a la seguridad

A pesar de que el movimiento que los gigantes tecnológicos están articulando guarda muchas similitudes con el experimentado por el mundo móvil hace unos años, lo cierto es que ahora todo gira en torno a la seguridad y no habrá trozo del pastel para los novatos si la seguridad a bordo se ve comprometida lo más mínimo.

Por ese motivo el gran reto para Google o Apple no va a consistir en poder jugar al Candy Crush desde el asiento del copiloto o ver la última película de Adam Sandler desde el asiento de atrás -de hecho, de momento nada indica que estas posibilidades vayan a estar disponibles.

El desafío consiste en llevar las ventajas de la revolución móvil al mundo de las cuatro ruedas, es decir, ser capaces de construir plataformas que, sin comprometer la seguridad, permitan establecer un modelo a través del cual tanto propios como terceros puedan desplegar servicios que hagan nuestra vida al volante más fácil.

Lo que puede parecer trivial no lo es en absoluto, aprenderemos nuevas maneras de comunicación con las máquinas, asistiremos a la caída de gigantes y, poco a poco, la integración del transporte como parte de nuestra identidad digital será una realidad. Hay mucho trabajo por delante.

Sobre el autor

Julen Di Pietro Avezuela

Julen Di Pietro Avezuela

Ingeniero de Telecomunicaciones y MBA por la EOI. Curioso insaciable, viajero inagotable y amante de los nuevos retos que me ayuden a tener una mejor perspectiva de nuestro entorno. Reparto mi tiempo libre entre el mundo TI, guitarras, amplificadores y música rock.
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