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Transformación Digital
12 de mayo de 2017

El campo inteligente: del arado al dron

El campo inteligente: del arado al dron

El campo inteligente: del arado al dron

Escrito por , 12/05/2017

Primero fueron las smart cities, ahora es el turno del campo inteligente. ¿Cómo producir más alimentos para un mayor número de personas, con menos terreno, menos agua, menos combustible, menos herbicidas y de manera más sostenible?

Según el Banco Mundial, en los últimos cincuenta años el mundo ha perdido casi la mitad de la tierra cultivable por persona. En España hemos pasado de tener 0,53 hectáreas arables per cápita en 1961 a 0,26 en 2014. Paradójicamente, la población mundial ha ido creciendo y en 2030 alcanzará los 8.500 millones, según datos de la ONU. El reto de la alimentación y, por ende, de la agricultura está ahí: ¿cómo producir más alimentos para un mayor número de personas con menos terreno, menos agua, menos combustible, menos herbicidas y de manera más sostenible?

La clave está en la revolución tecnológica que supone hoy la digitalización de la agricultura. Para entenderlo bien, primero debemos saber que toda revolución tecnológica está precedida de una revolución científica y, con respecto a esta última, tresrevoluciones verdes” se han sucedido ya en la larga historia de la manipulación de las plantas por el hombre.

La primera tuvo lugar en el Neolítico, y consistió en la domesticación inicial de las principales especies vegetales que cultivamos en nuestros días. La segunda supuso la aplicación de la genética clásica, desarrollada a partir de los descubrimientos de Mendel, a la mejora vegetal (1865), que logró incrementar los rendimientos en muchos cultivos y alteró los sistemas agrícolas de los países en desarrollo. Y la tercera se basó en la genética molecular (cultivos transgénicos) desarrollada a partir del descubrimiento de la estructura del ADN por Watson y Crick en 1952. En España fue el científico Francisco García Olmedo el pionero y referente en la genética molecular de las plantas.

En ese mismo año, 1952, y coincidiendo con la “tercera revolución verde”, el Gobierno de España decidió impulsar la mecanización agraria, ya que nuestro país contaba por aquel entonces con un escaso y maltrecho parque de tractores y maquinaria agrícola. Para ello, convocó un concurso dirigido a firmas interesadas en la fabricación de tractores y, para animar a la participación, se declaró esta industria como de interés nacional.

Las empresas Ricardo Medem y Cía. y Nueva Montaña Quijano S.A., junto con el Banco Santander, presentaron la documentación necesaria para optar a una de las autorizaciones. A principios de 1953, el Gobierno resolvió una de las concesiones a favor de estas entidades. Ricardo Medem Gonzálvez había sido el principal impulsor de la nueva fábrica de tractores española y, en el futuro, sería el principal valedor de su desarrollo.

En julio de 1961, la compañía americana Deere & Co (fundada por John Deere, precursor del primer arado de acero) compró la mayoría de las acciones de Lanz Ibérica, S.A. Meses después, las empresas comercializadoras Lanz Ibérica, S.A. y Ricardo Medem y Cía. se agruparon en una sola compañía que pasó a denominarse Ricardo Medem-John Deere, S.A. Es en ese momento cuando, de la mano de Ricardo Medem, se produce la integración en el grupo multinacional americano y se impulsa notablemente la mecanización del campo español, en un cambio tecnológico sin precedentes para nuestro país. Pero… ¿cómo evolucionó posteriormente el tractor?

Anuncio publicitario del, por entonces, tractor del futuro fabricado en España. 

Fuente: ABC Madrid

Las app móviles en los tractores han supuesto la primera ola de digitalización del mundo agrario: funciones de autoguiado para ahorro de combustible, racionalización de fitosanitarios, incremento de la productividad, etc. Lo siguiente será la llegada del tractor autónomo, que analiza su propio estado y el del cultivo que trabaja y envía toda la información al agricultor para que éste pueda controlarlo a través del smartphone o la tablet con la ayuda de un conjunto de cámaras. En esto se basa el proyecto europeo RHEA.

Y otro elemento que está por revolucionar el sector agrario es el dron. Antes de su aparición, las ortofotos apenas aportaban información útil para la gestión agraria, pues no tenían continuidad en el tiempo. En cambio, con los drones es posible obtener mapas con múltiple información. Sus mapas pueden representar los datos por parcelas, por zonas o individualmente (planta a planta, con precisión prácticamente de hoja), con información muy relevante para el control del regadío, tratamientos de enfermedades y plagas, etc.

Pero los drones no solo sirven para hacer fotografías. A bajas altitudes (unos 15 metros) pueden rociar de agua los cultivos, algo que puede parecer absurdo en zonas con suficiente lluvia, pero sumamente importante en algunos otros cultivos donde predomina el riego por aspersión, así como dosificar pesticidas y fertilizantes. Por ejemplo, en Japón ya los utilizan para este cometido en el 40 por ciento de sus campos de arroz en la actualidad.

Una de las startup de Telefónica Open Future que hoy es referencia en el sector agrario en España es VisualNacert, que ha desarrollado diferentes soluciones que mejoran las cuentas de resultados de sus clientes con la tecnología GIS y el análisis de datos.

Aunque el agrario es un sector tradicional al que la tecnología tarda en llegar más que a otros, su potencial de transformación tiene una importancia innegable. El reto está claro, y la clave está en la transformación digital del sector.

Imagen: Lima Pix

Sobre el autor

Alejandro Chinchilla Rodríguez

Alejandro Chinchilla Rodríguez

Doctor Ingeniero de Montes por la Universidad Politécnica de Madrid. Mi carrera profesional ha estado vinculada tanto al sector público como al empresarial. He sido director de la Fundación del prestigioso empresario Ricardo Medem, presidente de honor de John Deere y fundador del Círculo de Empresarios de Madrid. Actualmente trabajo en Telefónica España y formo parte de varios grupos de expertos en el Foro de las Ciudades y CONAMA. He publicado más de un centenar de artículos y tres libros, dos técnicos y uno literario.
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