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Big data
17 de julio de 2013

El destino está escrito

El destino está escrito

El destino está escrito

Escrito por , 17/07/2013

La humanidad lleva siglos debatiéndose entre dos vertientes contrapuestas: la predeterminación y el libre albedrío.
Para nuestro cerebro resulta más sencillo pensar que de alguna forma el destino está escrito y que, aunque puedan existir pequeñas variaciones, una pitonisa u oráculo pueden leer lo que va a sucedernos en el futuro e incluso podemos viajar a éste porque ya existe. Estar predestinado es muy cómodo: se eliminan responsabilidades. Yo ya no soy culpable de mis maldades, ni responsable de mis actos, sino el destino y aquél que escribió un plan maestro y me dio ese papel en la obra. Yo, al fin y al cabo, ni quería. Gracias al libre albedrío vuelvo a ser responsable de mis comportamientos y puedo ser castigado por ellos, ya sea aquí o en otra vida.

El libre albedrío implica que cada persona es capaz de elegir voluntariamente sus actos y que es esa persona la que elige cuál es su camino y construye su destino. La palabra “voluntariamente” es importante. Se trata de decisiones tomadas de forma consciente no marcadas por instintos, ni por la influencia de otros agentes internos o externos. Al mismo tiempo, cuanto más se estudia el genoma humano más genes se descubren causantes de que una enfermedad nos mate a los 35 años o de que tengamos propensión a ser agresivos o alcohólicos. Llevamos escrito dentro gran parte de nuestro destino. Además, aunque en cada momento seamos capaces de elegir y tengamos la ilusión de ser dueños de nuestro camino, puede que siempre elijamos las mismas cosas, las que tenemos costumbre de elegir, aquéllas con las que nos sentimos más cómodos porque ya conocemos. Repetimos nuestras elecciones en un patrón constante.

En cualquier caso, sea realmente uno mismo el que elige o alguna especie de “destino” escrito el que marca nuestras decisiones, con cada decisión de cada ser vivo (no, no voy a meterme en si los animales y las plantas son capaces de elegir voluntariamente) se va construyendo el presente, en una relación causa efecto constante con multitud de causas.

En “El fin de la eternidad” de Isaac Asimov, los eternos eran capaces de viajar en el tiempo al pasado para solucionar errores de la humanidad y hacer que éstos nunca llegaran a ocurrir. Lo interesante es que para cambiar el futuro buscaban cambios en la realidad mínimos pero suficientes, lo cual podía consistir en simplemente mover un bote de conservas de sitio y, de esta forma, evitar, por ejemplo, guerras. Skynet se lo tomaba mucho más a la tremenda y mandaba a un Terminator a matar a la madre del “problema”.
En la literatura y la cinematografía ya nos han avisado sobre los peligros del viaje en el tiempo y lo importante que es que no modifiquemos el pasado si no sabemos bien lo que estamos haciendo. En ese sentido, el ser humano es muy dado a querer cambiar el pasado. Si fuimos causantes de la desaparición de una especie en una zona, con toda nuestra buena intención, pasados los años volvemos a introducirla para sólo conseguir que se sobrereproduzca al no tener depredadores naturales y, como consecuencia, desaparezcan otras tres especies distintas. Todo está interconectado. No hay una sola causa que produzca un único efecto.

Pero aun así, nos empeñamos en predecir el futuro: la meteorología, la bolsa, el comportamiento del mercado. Queremos saberlo todo. Saberlo implica controlarlo y beneficiarnos de ello. Y para eso hacemos uso de la estadística. Yo definiría la estadística como la ciencia encargada de generalizar y adivinar el futuro. No es una definición muy ortodoxa pero creo que explica bastante bien sus objetivos.
De esta forma, analizamos datos pasados con el fin de generalizar tendencias y relaciones causa efecto y, basándonos en las relaciones inferidas, tratar de predecir el futuro. Cuanto más determinista es el sistema que estoy estudiando (es decir, cuantas menos variables sean las causantes de los efectos) más certeras serán las predicciones. Aun así, la estadística se reserva un as en la manga llamado “margen de error” para poder justificar pequeñas variaciones. Más o menos un 5 por ciento de margen de error para dejarnos un poquito de libre albedrío.
En aquellos sistemas con muchas variables metemos más datos en la coctelera y analizamos más posibles variables “causa”. Cuántas más variables y más datos, mejor. Y gracias  al  big data, que permite analizar volúmenes ingentes de información, llegamos cada vez a conclusiones más precisas.

El big data está de moda. “Tecnología que permite predecir el futuro”. Suena casi como a descubrir la fuente de la eterna juventud. Y efectivamente somos capaces de predecir brotes de cólera en función de las sequías en otras regiones del mundo, saber que Obama iba a ganar las elecciones, haber predecido la crisis económica del 2008 o aumentar un 326% el valor una cartera en función de las búsquedas realizadas en Google en todo el mundo.

La mala noticia nos la da la teoría del caos que trata ciertos tipos de sistemas dinámicos muy sensibles a las variaciones en las condiciones iniciales, por lo que pequeñas variaciones en dichas condiciones pueden implicar grandes diferencias en el comportamiento futuro, y esto complica la predicción a largo plazo. Pero no seamos ambiciosos y dejemos actuar un poco al libre albedrío. Ser capaces de predecir lo que va a ocurrir en entornos limitados a corto y medio plazo ya es suficientemente bueno si tenemos en cuenta que el destino no está escrito.

Queremos ser libres y sentirnos dueños de nuestro propio destino pero, al mismo tiempo, queremos ser capaces de predecir el futuro como si éste no se construyera a cada paso. Seguramente nos estamos engañando en alguna de esas dos querencias.

Imagen: Fotograma película “Terminator 2”.

Sobre el autor

Lorena De la Flor

Lorena De la Flor

Lorena de la Flor es Licenciada en Informática y lleva más de 15 años trabajando en diversos entornos relacionados con las TI: desarrollo de software, gestión de producto e-learning, venta consultiva de proyectos y servicios y, actualmente, en el desarrollo comercial de los servicios de Cloud Computing para España en Telefónica Digital. Ha estudiado también un MBA, pedagogía multimedia, medicina tradicional china y, ahora, publicidad y relaciones públicas. “Saber de todo te hace experto en nada, pero empiezas a mirar el mundo con otros ojos cuando descubres que todo está relacionado”.
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