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Transformación Digital
14 de agosto de 2013

Frente a la crisis, innovación

Frente a la crisis, innovación

Frente a la crisis, innovación

Escrito por , 14/08/2013

Podría parecer un titular paradójico porque, a priori, no son términos muy afines; es más, me atrevería a decir que en momentos de ajustes presupuestarios y “apreturas de cinturón” lo que menos se plantean las empresas es innovar y asumir el coste del proceso sin reparar en el posible retorno de la inversión. Pero en la actual situación, aquello de “pan para hoy,  hambre para mañana” cobra más sentido que nunca y obliga a un cambio radical de actitud.

La realidad se impone y si algo caracteriza a los momentos de desazón económica es precisamente el ingenio, el reenfoque del negocio. De esto sabe mucho la microeconomía: quien más y quien menos, ante la escasez, se esfuerza echándole imaginación, mucha imaginación que, por otro lado, es el ingrediente fundamental para la receta del innovador, además de una taza de creación, y una pizca y media de paciencia.

En nuestro país, a pesar de cargar con el tópico de “el español es poco innovador”, en imaginación no nos gana nadie. Ejemplos tenemos muchos y en todos los ámbitos: gastronomía, música, pintura, danza, literatura… y, como no sólo de arte vive el hombre, también en el entramado industrial. En España nos encontramos con negocios tradicionales que han sabido reenfocar sus productos/servicios o su estrategia, e incluso ambos, para confirmarse hoy como referentes en el plano empresarial.

Elijamos una de ellas: el caso de Orlando, empresa ubicada en La Rioja, que comenzó siendo un negocio familiar, dedicado en sus inicios a la conserva de pescado. Pronto reenfocó su negocio hacia la comercialización del tomate frito. Pues bien, precisamente por saber conjugar la innovación en la producción y la tradición en la calidad, logra garantizar al consumidor los ingredientes más saludables de la manera más sostenible.

Además, en un mercado que demanda alimentos más naturales, Orlando ofrece tomate sin sal ni azúcares añadidos. Y precisamente su investigación en el mantenimiento de la calidad y la evolución de los productos le ha valido que una empresa como Heinz, con presencia en 200 países, cuyo leitmotiv es que la calidad de los productos que comercializa correspondan a marcas autóctonas en los países donde opera, la haya elegido como parte de su grupo empresarial.

Otro ejemplo es Café Fortaleza. Por definición, el café es un excitante pero ¿y si relajara? ¿Y si tuviera fibra? Pues bien: su departamento de I+D se puso manos a la obra y hoy son pioneros en  ofrecer al consumidor café con fibra y descafeinado con tila y melisa. Por supuesto, sin cambiar un ápice el sabor, aroma y textura de su producto.

Por mencionar también a empresas familiares extranjeras, que en esto de innovar parece que se lleven la palma, ahí tenemos a la alemana Wie Leder, con cerca de 150 años de historia, que cambió su marca por su pronunciación: Vileda. Pasó de vender bayetas limpia cristales a asumir  un invento tan nuestro como la fregona y la evolucionaron -otra vez la creatividad-, hasta comercializar una versión cuyo palo es un cilindro hueco que porta el agua y los productos de limpieza, y nos evita cargar con el engorroso cubo de agua. Además han creado un mini-robot que limpia los suelos, e incluso han desarrollado un tejido 3D, patentado bajo el nombre de Novolon, que amplía la superficie de limpieza. Así pues, innovación pero con garantías y a precios asequibles.

Los costes en la producción y la innovación suelen ir de la mano, e implican la integración de diferentes procesos ubicados en diferentes empresas, por eso muchas multinacionales se están planteando, en su evolución, el control de todos los estudios que rodean al producto: desde el origen de la materia prima hasta su punto de venta. Quizá, “aligerando” los costes intermedios lograremos productos más innovadores, más competitivos y menos caros.

Así pues, el denominador común del éxito parece ser innovar garantizando la calidad y cualidades del producto, enfocarse a cliente y abrirse a la internacionalización.

No quiero simplificar el proceso, ni mucho menos expresar que sea sencillo, no será como disponer del bálsamo de Fierabrás que todo lo recompone para aplicarlo y salir de la espeluznante crisis que nos ahoga pero, al menos, reconforta saber que proponérselo es el primer paso para lograrlo. Desde luego imaginación no nos falta.

Imagen: Saad Faruque

Sobre el autor

Emilia Gómez-Valades

Emilia Gómez-Valades

Emilia Gómez-Valadés ha desarrollado su actividad profesional en diferentes departamentos relacionados con la comunicación y la tecnología, como el Innovation Center de Telefónica, un gran laboratorio de innovación. En la actualidad se dedica a la Comunicación de Empresas en Telefónica España.
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