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Transformación Digital
21 de marzo de 2018

La brecha de las competencias digitales, de la que ni siquiera somos conscientes

La brecha de las competencias digitales, de la que ni siquiera somos conscientes

La brecha de las competencias digitales, de la que ni siquiera somos conscientes

Escrito por , 21/03/2018

A la vista de los datos de penetración de infraestructuras de banda ancha y uso de Internet podemos decir que, en general, España y Europa cuentan con los medios para afrontar la transformación digital que la sociedad y las empresas están experimentando. Sin embargo, resulta cada vez más evidente la brecha de las competencias digitales entre los avances tecnológicos en nuestra vida personal y profesional y las habilidades que tenemos como ciudadanos y como profesionales para adaptarnos a ellos.

Del informe “La sociedad digital en España 2017”, elaborado por Fundación Telefónica, se desprenden importantes conclusiones: buenas y malas noticias.

No somos conscientes de nuestra escasa preparación en competencias digitales

Tecnologías como cloud computing, IoT, big data o la inteligencia artificial están cada vez más presentes en nuestras vidas y también en nuestro trabajo. Sin embargo, saltan las alarmas en relación a la escasez tanto de profesionales TIC como de competencias digitales avanzadas en profesiones más generalistas. Nueve de cada diez trabajos requieren ya niveles básicos de habilidad digital. Sin embargo, según datos de Eurostat del año 2016, solo el 23 por ciento de los españoles cuenta con habilidades básicas y el 31 por ciento dispone de competencias avanzadas.

Del informe de Fundación Telefónica me resulta tremendamente llamativo el hecho de que nosotros no seamos conscientes de nuestra escasa preparación en competencias digitales. Ocho de cada diez profesionales consideran que tienen las competencias y habilidades digitales necesarias para desempeñar su trabajo actual y siete de cada diez piensan que están preparados para afrontar un potencial futuro trabajo.

La desconexión entre los retos y necesidades que nos plantea la realidad digital y las percepciones de las personas en relación a las exigencias formativas para afrontarla es realmente preocupante ya que, aunque en la era digital las oportunidades de formación se multiplican, no podremos mejorar si no empezamos por ser conscientes de lo mucho que necesitamos hacerlo.

La Unión Europea estima que será necesario cubrir en torno a medio millón de nuevos puestos de trabajo en el sector TIC hasta el año 2020. En términos de “digitalización” de las personas España se sitúa en el puesto 17 de los 28 países que componen la Unión Europea. Debemos decir alto y claro que, en formación digital, a España le queda mucho recorrido.

Y no hay una única forma de hacerlo. El cambio tendrá que venir desde una pléyade de actores y un conjunto de iniciativas. Se debe aunar el esfuerzo de las empresas para sacar a relucir los valores digitales que muchos de sus empleados ya poseen aun cuando todavía no sean conscientes de ello, el de profesionales autodidactas que tiran de la red y de las experiencias compartidas para extraer conocimiento y, por supuesto, de la comunidad educativa y las escuelas de negocios que luchan por ofrecer formación presencial y online urbi et orbi.

No basta con una capacitación operativa; es necesario un liderazgo digital

Pero las empresas no solo necesitarán profesionales con capacidades tecnológicas y digitales, sino también personas capaces de ejercer un liderazgo digital o eLeadership. Se precisa de líderes digitales con urgencia. Un escenario conservador prevé que se requerirán alrededor de cincuenta mil líderes de alta tecnología cada año hasta 2025.

Y es que no solo se trata de gestionar el uso y aplicación de las nuevas tecnologías, la transformación digital está intrínsecamente ligada a nuevos valores y a nuevos modelos de relación entre las marcas y los consumidores pero también entre los profesionales. Y esos e-líderes deberán tener una orientación multidisciplinar para incorporar a las empresas los valores digitales sin los que la transformación digital está abocada al fracaso.

Por ello, la participación en el proceso de cambio de los responsables de personas es clave porque aplicar la tecnología sin una renovación cultural en modelos de relación no solo no impactará demasiado ni en ventas ni en la eficiencia, sino que hasta podría hacer desaparecer a la empresa porque la resistencia al cambio es capaz de dar al traste con cualquier intento de transformación.

En la era digital los líderes no solo deben incorporar creatividad, una mentalidad emprendedora, pensamiento crítico e inteligencia emocional. Deben, además, hacer de coachers para ayudar a gestionar el cambio en su organización, y hacerlo pasa por dinamizar nuevos comportamientos como la learnability, que fomenta la curiosidad y la actualización permanente, o la valentía en la gestión del error que surge a partir de experimentar y analizar resultados.

Las oportunidades de formación son infinitas hoy día pero hay que “tirar del carro”

En un mundo hiperconectado y repleto de actores es imperativo sorprender y emocionar al consumidor. Para ello las organizaciones necesitan el apoyo de perfiles que las ayuden a interpretar este nuevo modelo y a elaborar su guía para orientarse en la jungla de lo que está sucediendo. Nos toca mutar nuestro perfil profesional y combinar nuestro conocimiento con altas dosis de creatividad e innovación para generar ideas.

Pero ¿cómo y dónde se aprende a ser un profesional digital? La buena noticia es que cualquiera puede hacerlo porque no es ya una cuestión de titulación ni mucho menos de edad; es una cuestión de actitud y, sobre todo, de mentalidad.

La mala noticia es que mucho de esto no se enseña. Al menos no en el modo al que tradicionalmente hemos recurrido a la formación para actualizarnos. Cada persona se descubre como un profesional digital cuando se mira para poner de relieve sus fortalezas y, de modo autogestionado, aprende a extraer conocimiento de todo, busca reenfocar lo que sabe y se interesa por propuestas de actuación que puedan funcionar en el nuevo contexto.

Algunas de estas capacidades clave son:

  • La alfabetización digital o el dominio de la tecnología para extraer conocimiento de valor de la ingente cantidad de información que existe en Internet. Es la capacidad de bucear sin descanso en todo tipo de fuentes y temáticas en busca de nuevos conceptos que aplicar, incluso desaprendiendo aún más rápido si procede.
  • El trabajo en red o la generación de ideas a través del conocimiento que poseen las personas con las que uno contacta. Se trata de crear y cultivar con mimo las redes personales que conectan todo tipo de perfiles e intereses de donde extraer información, conscientes de que todo suma.
  • El humanismo, pues, en contra de lo que podría parecer, la tecnología empodera a las personas al poner en valor el conocimiento que generan y transmiten. Se trata de aprender a escuchar de forma activa y sin prejuicios.
  • La experimentación sin temor al error, que debe verse como una experiencia de aprendizaje más. La cuestión es no dejar de aportar y para ello hay que asumir riesgos.

En este mundo digitalizado la formación y, por tanto, las expectativas de trabajo dejan de depender del entorno en que uno haya nacido. Cada cual vale lo que sea capaz de ofrecer y es una oportunidad que, ni como profesionales ni como sociedad, podemos desaprovechar.

Imagen: Elena Ocho

Sobre el autor

Virginia Cabrera Nocito

Virginia Cabrera Nocito

Ingeniera de Telecomunicación, soy especialista en transformación digital y responsable de Desarrollo de Negocio para pymes en Telefónica. Animo al cambio a través del blogging y la formación.
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