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18 de septiembre de 2018

Por qué las empresas no pueden conducir un diésel o el imperativo de llevar la voz a la nube

Por qué las empresas no pueden conducir un diésel o el imperativo de llevar la voz a la nube

Por qué las empresas no pueden conducir un diésel o el imperativo de llevar la voz a la nube

Escrito por , 18/09/2018

Llevo tiempo tratando de concienciar sobre la necesidad de la transformación digital de los procesos de comunicaciones en el mundo empresarial y respecto a cómo y cuándo planificar el cambio y, de pronto, he caído en la cuenta de que hay cierto paralelismo entre decidirse a tener una centralita digital en la nube y plantearse la opción de un coche eléctrico asistido.

La reflexión surgió ante la necesidad imperiosa que he tenido de considerar un cambio de coche y tras analizar los argumentos que se me han planteado para la toma de decisión, forzosa y acelerada en mi caso, dadas las circunstancias. Creo que la disertación que sigue puede valer para cualquier negocio que deba afrontar su renovación y valorar, para ello, las nuevas realidades tecnológicas posibles.

Os cuento: mi viejo coche diésel, que me había dado un magnífico servicio durante años, ha tenido una incidencia seria: la rotura de la caja de cambios. Y cuál fue mi sorpresa al llevarlo a reparar al enterarme de que el fabricante ya no da soporte a estas piezas. Tras recorrer innumerables desguaces con la esperanza de encontrar el repuesto que necesitaba comprobé que tampoco era tarea fácil encontrar un taller de confianza que contara con un técnico experto en estas lides de mecánica antigua. Y, como era de esperar, la experiencia y el conocimiento de nicho tienen su coste asociado…

En fin, que entre una cosa y otra, por primera vez me planteo abandonar las razones sentimentales que me atan a mi “viejo vehículo” y he empezado a mirar otras alternativas. Además, me he topado de bruces con la polémica de la guerra declarada al “maldito diesel”: lo perjudicial que dicen que es su combustión y todas las políticas impositivas pensadas para acelerar su erradicación. He leído ya que la mayoría de los grandes fabricantes de automoción han tomado partido y descartado la fabricación de este tipo de motores, y abogan por nuevos modelos de vehículos eléctricos o híbridos que integrarán, en mayor o menor grado, tecnologías de asistencia remota a la conducción, y ha comenzado una lucha sobre las nuevas prestaciones al mejor precio que veremos en un muy corto espacio de tiempo.

Todo esto va acompañado de un aumento considerable del número de puntos de recarga eléctrica. Con la planta de distribución actual, y considerando la autonomía declarada de unos 300-400 km de los modelos eléctricos vigentes, poder recorrer la península de norte a sur ya es una realidad, esto va en serio.

Encuentro otro argumento de peso, además, si presto atención a todas las nuevas funcionalidades de eficiencia y seguridad que los coches han ido incorporando en los últimos años. Pero es que, yendo más allá, pienso que para el uso, casi exclusivamente urbano, que haremos del nuevo coche mis hijos y yo, quizá en vez de tener un coche en propiedad sería más ventajoso hacernos usuarios de una plataforma de uso compartido y olvidarnos entre otras cosas de tener un garaje donde guardarlo.

Bien, pues tras esta disertación personal por el problema con mi coche, he descubierto que si cambio “coche compartido asistido remotamentepor “centralita en la nube hay una enorme similitud en lo relativo a cuestiones de mantenimiento, de la evolución tecnológica, de la necesidad de un integrador (que sustituye al taller), también hay perfiles de uso de las comunicaciones, como existen perfiles de conducción, en la nueva versión de centralita, y los modelos de pago por uso se imponen frente a los modelos en propiedad. Pero además de mejoras económicas si valoramos las ventajas que la voz en la nube representa en cuanto a seguridad, actualización remota de versiones, flexibilidad para adaptarse a la realidad de cada momento… resulta que comunicarse y conducir tienen mucho más en común de lo que nunca hubiera pensado… y ahora también en relación con la movilidad y las comunicaciones unificadas, que ya son una realidad en el mundo de las telecomunicaciones.

Así que más que nunca tengo la certeza de que la transformación digital de los negocios, con cloud como trampolín, es un hecho tan cierto como que los coches van a terminar siendo eléctricos y más asistidos y autónomos cada vez. Esta evolución se acentúa especialmente para la voz y para las comunicaciones colaborativas donde el volumen de extensiones de centralitas virtuales frente a las físicas ya es una realidad global, que se acelera en el tiempo por sus múltiples ventajas para los negocios. Según los analistas, en cinco años el número de softtphones para su uso desde cualquier dispositivo representará el mismo volumen de licencias en el mercado que los terminales físicos, lo que impulsará la flexibilidad y movilidad en el modo de trabajar, con las consiguientes mejoras de productividad y satisfacción de los empleados.

En cuanto a la personalización, igual que cuando vamos a un concesionario es posible elegir entre dos o tres configuraciones a partir de las opciones estándar de cada fabricante u optar por un modelo a medida, en el portfolio de servicios de voz de Telefónica las empresas pueden partir de las configuraciones convergentes estándar predefinidas que mejor les encajen: MFE Cloud, MFE Premium, Flex User, o configurarse un servicio a la medida de sus prioridades con Centrex IP.

La cuestión ahora es: con toda esta información, ¿merece realmente la pena esperar tanto para cambiar de centralita como yo he hecho con mi coche o es mejor planificar con anticipación las comunicaciones empresariales?

En este ámbito es clave el cómo y el cuándo, que suele responder a necesidades y situaciones particulares pero resulta fundamental que la elección se base en una decisión consciente y meditada, que parta de una información veraz y contrastada, en la que se hayan tenido en cuenta todos los factores importantes que impactarán porque transformar un negocio de forma eficaz es conseguir que las cosas ocurran tal y como estaban planeadas.

En mi caso particular, posponer demasiado las decisiones de cambio, sin contar con la suficiente información de antemano, y creer que con un buen cuidado y uso de mi activo sería suficiente, finalmente me ha salido caro: la pérdida de valor total de mi coche antiguo, mucho tiempo perdido en una búsqueda contrarreloj de la información, y los inconvenientes de locomoción durante el proceso. Además, ahora me enfrento a una decisión económica que tengo que asumir en un momento que no había planificado y no me viene nada bien…

En estos momentos un negocio no puede conducir un diésel ni circular por carreteras secundarias: es hora de llevar la voz a la nube.

Imagen: ivaylost/pixabay

Sobre el autor

Teresa Ariste González

Teresa Ariste González

Licenciada en Ciencias Físicas, llegué al mundo de las Telecomunicaciones de forma fortuita hace más de 25 años de la mano de Telefónica. Me apasiona aprender cosas nuevas y aplicar el conocimiento para cambiar la forma de hacer las cosas. Y en todo este periplo profesional mi máxima ha sido el trabajo en equipo, o como decía Machado: “Si caminas solo llegarás más rápido. Si caminas acompañado llegarás más lejos”.
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