Comparte:
Economía Digital
4 de mayo de 2018

¿De qué nos suena blockchain?

¿De qué nos suena blockchain?

¿De qué nos suena blockchain?

Escrito por , 4/05/2018

¿Cuánto tiempo llevamos escuchando que blockchain va a cambiar la forma en la que percibimos diferentes aspectos de nuestra vida y no solo relativos a la economía y los medios de pago, sino también en ámbitos tan variopintos como las ciudades inteligentes o las leyes de contratación, por citar algunos ejemplos?

La realidad es que el término blockchain terminó de explotar hace un par de años, cuando en 2016 Gartner lo situó directamente en el pico de su Hype cycle de tecnologías emergentes. Esta tendencia continuaba en su análisis del año pasado, aunque se apreciaba cierta caída en la curva, probablemente debido a las dudas sobre las expectativas puestas en esta tecnología (de hecho, la gran mayoría se plantea su adopción en un plazo de entre cinco y diez años).

Fuente: Gartner

Sin embargo, el término no es tan reciente como podría parecer. Si nos remontamos al nacimiento de Bitcoin, se puede comprobar que las bases teóricas sobre las que se sustenta blockchain ya aparecieron en el documento “Bitcoin: A Peer-to-Peer Electronic Cash System”, publicado por el aún desconocido Satoshi Nakamoto en octubre de 2008. En estos casi diez años blockchain ha pasado de ser un desconocido para el gran público a un posible habilitador para nuevas formas de implementación y optimización de procesos, servicios y/o plataformas.

En dicho texto, además, aparecen conceptos como peer-to-peer (P2P), criptografía, cálculo de hashes, difusión de transacciones por una red de nodos y descentralización. Ninguno es nuevo y también forman parte de la definición formal de blockchain o cadena de bloques. Personalmente me gusta definirlo como un “sistema de almacenamiento distribuido, descentralizado, sincronizado por consenso y tolerante a fallos, que registra transacciones entre pares en bloques enlazados y protegidos mediante criptografía de forma eficiente, verificable y permanente”.

Para encontrar el origen y las primeras aplicaciones de cada uno de estos elementos hay que remontarse aún más en el tiempo (finales del siglo XX). Y si uno es curioso y revisa un poco la historia de la computación se podría sorprender bastante de encontrar soluciones “parecidas” a blockchain, tipo soluciones de redes P2P descentralizadas.

De hecho, en la definición de Bitcoin de Satoshi Nakamoto aparecían referencias de soluciones más antiguas para establecer sistemas de distribución de dinero electrónico, como B-money. Y en un contexto general, más dirigido a la compartición de información y distribución de archivos entre iguales, se enmarcan sistemas y protocolos como Napster, Audiogalaxy, gnutella, FastTrack, Ares Galaxy, eDonkey o BitTorrent, por citar algunos hitos en la historia de las aplicaciones P2P. Pero si se analiza la arquitectura de todos ellos se descubre que, en cierta manera, acaban dependiendo de una entidad centralizada para llevar a cabo su función. Por ejemplo, en el caso de Napster se necesitaban servidores centrales para almacenar la lista de equipos de la red y los archivos que contenían.

Hubo un caso, sin embargo, en el que sí se logró una aplicación “perfectamente descentralizada”: gnutella. Sin embargo, la inundación de mensajes durante la fase de búsqueda del protocolo fue un problema que perjudicó a la escalabilidad del sistema e impidió su implementación masiva. Y la escalabilidad es precisamente uno de los aspectos a los que más atención se está prestando de cara a la implementación de plataformas blockchain para adaptar la capacidad de cómputo ante un aumento significativo del tamaño de la cadena o frente a un flujo mayor de transacciones que procesar.

Ante este problema tiene sentido la aparición de roles especializados para realizar ciertas tareas de forma más eficiente. Por ejemplo, los nodos de minería (más conocidos como mineros en la jerga de Bitcoin, que utilizan funciones de prueba de trabajo como Hashcash, que también tiene una historia muy interesante detrás), que juegan un papel fundamental en la confirmación de transacciones y en la definición de la cadena de bloques. En cambio, la especialización conlleva diferenciación o, lo que es lo mismo, “centralización” de ciertas tareas en una serie de nodos, y no igualdad de funciones de todos ellos.

En teoría esto rompería la descentralización clásica que propone blockchain en su definición genérica, si bien es cierto que, si analizamos los precedentes que existen en las soluciones de redes y plataformas P2P más conocidas, existe una cierta tendencia a diferenciar funciones entre ciertos componentes de la red, como se pudo ver con Napster (y como ocurre en la gran mayoría de las soluciones P2P de mayor éxito). ¿Afecta esto a la reputación de blockchain, asociada a esa leve caída en las gráficas de Gartner de un año para otro? No creo que ése sea el problema, ya que este tipo de sistemas complejos tiende siempre a evolucionar para adaptarse a los problemas que pueden ir surgiendo. Probablemente haya motivos de mayor peso como la especulación y el escepticismo que rodea a esta tecnología respecto a si será capaz de crear la aplicación definitiva, la que marque el punto de inflexión en un determinado ámbito. Ejemplos gráficos de esta incertidumbre se pueden ver, por ejemplo, en la fluctuación del valor de Bitcoin cada día (¡e incluso cada hora!).

Y, tras esta reflexión sobre blockchain y sus componentes esenciales, reescribo la pregunta inicial: ¿cuánto tiempo llevamos oyendo hablar sobre soluciones de redes P2P descentralizadas o de sistemas de almacenamiento distribuido? ¿Y de técnicas de criptografía aplicadas a este tipo de redes?

En estos casos nos vamos más atrás todavía en el tiempo. Esto no quiere decir que blockchain tenga su origen real a finales del siglo pasado con el nacimiento de los conceptos anteriores (pero sí que los tiene como trasfondo), sino que se trata de una tecnología potencialmente disruptiva (está por ver en qué y en cuánta medida) que aglutina todos los términos anteriores, que nació a partir de un caso de uso concreto (Bitcoin) y que se está adaptando a diferentes ámbitos de aplicación para tratar de dar soluciones multidisciplinares.

Imagen: MaiconfzGDJ

Sobre el autor

Ramón Pérez Hernández

Ramón Pérez Hernández

Ingeniero superior de Telecomunicación por la Universidad Politécnica de Madrid, especializado en Telemática. Trabajo en Telefónica en el área de Ingeniería especializada de clientes en soluciones cloud. Me apasiona la tecnología y el mundo de la investigación y me considero una persona curiosa e inquieta por naturaleza, dispuesta siempre tanto a aprender como a transmitir mis conocimientos. Viajar, el cine, la música y la literatura son un must en mi vida.
Ver todos sus artículos »