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4 de Agosto de 2017

Revistas en papel en un tren bala a Cádiz

Revistas en papel en un tren bala a Cádiz

Revistas en papel en un tren bala a Cádiz

Escrito por , 4/08/2017

Mi compañero Félix escribía esta misma semana del famoso Shinkansen, el tren bala japonés que en los Juegos Olímpicos de Tokio en 1964 alcanzó los 210km/hora. La alta velocidad se convirtió entonces en símbolo de progreso y, para la próxima cita olímpica en 2020, Japón quiere que el nuevo Maglev de levitación magnética marque otro hito y permita ir de Tokio a Nagoya, a 259km de distancia, en 40 minutos. El objetivo es elevar el estándar de la alta velocidad a más de 500km/h de manera habitual.

Precisamente estos días el AVE cumple veinticinco años. Parece mentira que haya pasado ya un cuarto de siglo desde que en 1992 se inaugurara la primera línea de alta velocidad en España para unir Madrid-Sevilla. Viajo asiduamente a Cádiz en el Alvia y, aunque lamento que la alta velocidad no se hiciera extensiva hasta allí en su momento cuando se programó para la Expo’92, las cuatro horas que tarda me parecen bien si recuerdo que de estudiante unas Navidades tardé nueve horas en llegar en autobús. Como Scarlett O’Hara en “Lo que el viento se llevó” juré que no volvería a pasar por esa experiencia. Si hoy hay quienes hacen del AVE su segunda oficina, en aquel autobús dio tiempo a que aparecieran y desaparecieran empresas del IBEX 35…

¡Qué importantes son las infraestructuras, el transporte y las comunicaciones! Tanto que sin esta base no podemos hablar de países inteligentes ni de democratización de oportunidades ni de tantas cosas más.

Volviendo a los Juegos Olímpicos, días atrás se escribía sobre qué cosas se pueden hacer ahora que resultaban impensables en Barcelona 92. Pues bien, en mi último viaje a Cádiz el mes pasado, mientras leía la revista Club Renfe -que ya cuenta con app, como no podía ser de otra manera- también se me vino a la cabeza cómo ha cambiado todo, al hilo de sus contenidos.

Lo más evidente era la sección de gadgets con un dron doméstico, una moto eléctrica con dock para utilizar el smartphone como panel de datos o unos altavoces Bluetooth sumergibles. Pero buceando en sus páginas, la sostenibilidad, la cocreación, la transformación como cambio cultural que llega a los propios museos o el valor del error dibujan con trazo aún más firme el momento en que vivimos.

En el editorial podía leerse que Renfe ha rubricado el Código ético mundial para el turismo sostenible (en sus dimensiones ambiental, social y económica) promovido por la ONU. Tema clave como alertábamos recientemente. Y es que la sostenibilidad es una de las palabras del momento. En la misma revista se habla de la construcción “biopasiva”: eficiente y respetuosa con el medioambiente, que combina un material natural como la madera con el estándar Passivhaus de la climatización para hacer  frente al cambio climático. Y hasta había un apartado, “Apps para la sostenibilidad”, de aplicaciones que ayudan a la concienciación y dan pautas de actuación como “Go Green” para minimizar nuestra huella de carbono; “Recicle”, que geolocaliza los lugares cercanos disponibles para reciclar los distintos residuos o “GoodGuide”, una espectacular base de datos de miles de productos que clasifica el impacto ambiental de su fabricación y distribución con solo escanear el código de barras.

También se hablaba de realidad virtual a propósito de una exposición de Bjork, que recorre el universo de la cantante islandesa.

En un estupendo reportaje Beba Pérez, directora del Museo de Almería, defiende “un museo permeable y abierto, que no sea un mausoleo, que propicie sinergias y dé voz al público, que aprenda de otros espacios de cultura alternativa. El objetivo es crear y compartir conocimiento científico y crear conexiones, expandirse a la Red y hacerse social. Debe mirar al pasado, hacernos entender dónde estamos y ayudarnos a crear un futuro más justo y libre. Los museos serán sociales o no serán”, afirmaba.

En este sentido, unas páginas más adelante, Manuel Borja Villel, director del Reina Sofía, defiende que los museos se abran a otra disciplinas: cómic, cine, moda… “El arte siempre ha sido transversal. Sería contradictorio que no fuera así…”.

Antonio Navarro, director desde hace cinco años del Ballet Nacional, explica en la misma publicación que “La mitad de la programación del Ballet Nacional de España está constituida por nueva creación, mientras que el resto es repertorio. Abrir nuevas vías ha sido mi obsesión al frente de la compañía”.

Y hablando de cocreación… ¿os imagináis unas zapatillas de deporte con elementos de diseño prestados de un perfume? Existen ya y son fruto de la colaboración entre Guerlain y Le Coq Sportif.

En la revista de Renfe de mi último viaje también se hablaba de las tablas de surf con fibra de carbono personalizables de Kundaba, de mercados “instagrameables” de Zaragoza o del premiado foie de Cristina Oria que surgió de un desvío de cálculo en los ingredientes. De un error, vamos…

Sin duda han cambiado los tiempos y las revistas (aunque cada vez quedan menos, por desgracia). Aparte de romanticismo profesional, creo que nos ayudan a equilibrar nuestro ritmo en esta sociedad acelerada y siempre contribuirán a una mejor experiencia de viaje. A mí al menos me gustaría seguir leyendo revistas en papel en un tren bala a Cádiz.

Imagen: leniners

Sobre el autor

Mercedes Núñez

Mercedes Núñez

Licenciada en Periodismo y Máster por la Universidad Complutense de Madrid. Responsable del blog A un clic de las TIC, en el que escribo habitualmente; colaboro también en Con tu negocio y Think Big. Mi especialización en periodismo tecnológico empezó en ABC Informática - el primer semanario español TIC. Llevo quince años en Telefónica haciendo comunicación corporativa (relación con los medios, web, revista PULSO -impresa, digital y para tablet-, redes sociales...). Con anterioridad trabajé en distintos medios de comunicación (prensa, radio y televisión). Mi mayor afición es la equitación
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