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Ciudades inteligentes
18 de enero de 2018

Smart cities: su estandarización y una correcta estrategia de datos

Smart cities: su estandarización y una correcta estrategia de datos

Smart cities: su estandarización y una correcta estrategia de datos

Escrito por , 18/01/2018

No hay un único modelo de ciudad inteligente, sino que cada ciudad debe ser inteligente a la hora de diseñar su particular transformación en función de sus necesidades. No obstante, las diferentes soluciones deben seguir unos estándares. Al fin y al cabo, las personas y las cosas (vehículos, entre otros elementos) deberán interaccionar con la ciudad y también las urbes entre sí. Si ahora que estamos en las fases iniciales no nos preocupamos de que se sigan unas normas, como se viene haciendo desde hace años, será mucho más complejo y costoso intentar implantar la interoperabilidad después.

En mi reciente visita al SCEWC17, de la que ya escribía en un post anterior, tuve ocasión de asistir a una charla sobre este tema y no era la única interesada. La sala estaba llena. No se habló de los estándares existentes, sino sobre estrategias para la estandarización y es que no hay un criterio ni un organismo únicos. Se observan dos marcados estilos: por un lado, ETSI presentó su nuevo grupo ISG CDP (City Digital Protocol), creado el pasado mes de noviembre, que persigue convertirse en un foro en el que las ciudades puedan compartir sus preocupaciones y avances. En este sentido, también existen diferentes organismos que trabajan en la creación de buenas prácticas y guías para la estandarización de smart cities. Entre ellos existen comunidades de ciudades como RECI o EUROCITIES, pero quiero destacar el organismo de la Comisión Europea, EIP-SCC, una colaboración público-privada, centrada en energía, transporte y tecnologías de comunicación, que ofrece acceso a información sobre iniciativas, proyectos que se llevan a cabo, información sobre financiación para promover el desarrollo de Plataformas Urbanas como habilitadores de smart cities.

ISO e ITU tampoco se quedan atrás. El primero de estos organismos, por ejemplo, ha publicado un sumario de las normativas existentes como guía de buenas prácticas para la implantación de una smart city. ITU, por su parte, junto a UNECE inauguró en 2015 la iniciativa United for Smart Sustainable Cities (U4SSC) y ha concedido en 2017 la presidencia a Emiratos Árabes y España como reconocimiento a los esfuerzos en estandarización llevados a cabo en nuestro país, con 22 normas publicadas sobre la materia.

Uno podría pensar entonces que el desafío no es la ausencia de estándares, sino su falta de adopción. De ahí el otro enfoque estratégico, que fue presentado desde el GCTC (Global City Teams Challenge), que aboga por una mayor replicabilidad de soluciones en ciudades. En palabras de Sokwoo Rhee, una smart city no consiste en aplicar IoT a una ciudad y ya. Desde GCTC trabajan para crear un mapa de necesidades y relacionarlas con tecnologías existentes y empresas tecnológicas que las implanten, para así generar plantillas que pueden ser producidas y adoptadas en masa por ciudades. Personalmente, aunque Sokwoo Rhee es un comunicador soberbio, me temo que este enfoque es mucho más ágil en cuanto a implantación, pero también pueden existir necesidades que se deban incluir en el estándar pero que se obvien porque la tecnología en ese momento no les pueda dar respuesta.

Más allá de estos enfoques, Juan José Hierro, CTO de Fiware, defiende la necesidad de la compartición de datos entre diferentes silos. El desafío no es la recolección de datos, sino utilizarlos en contexto, y para generar ese contexto es necesaria la comunicación entre las diferentes plataformas. La máxima sería que ese contexto se pueda consultar en tiempo real y aquí entramos en la dimensión de una estrategia de datos, no sin sorpresa uno de los elementos a los que las ciudades prestan menos atención, según la consultora Roland Berger, que presentó un índice de smart cities que muestra que las urbes se centran en soluciones de movilidad, eGovernment y energía en su gran mayoría. Y es que open data sigue generando ciertos recelos. La tecnolopolítica de los datos importa.

Pero la economía de los datos también puede permitir la generación de crecimiento económico e incluso la ciudad podría establecer cómo monetizar su uso: permitir a los ciudadanos o colectivos no solo ser consumidores, sino prosumidores. Santander es un ejemplo de la defensa del uso de datos públicos para concebir nuevos modelos de negocio que permitan a los desarrolladores y/o empresas convertirlos en crecimiento económico para la ciudad. Otra experiencia es la de Indra con Ecoembes, mediante el análisis de los datos de reciclaje para estudiar cómo mejorar su implantación entre la población.

Para abordar su correcta implementación, desde la Universidad de Oxford, Igor Calzada alerta del error de concentrar el desarrollo únicamente en la cooperación público-privada. Es necesario -dijo- incluir a otros agentes de decisión para lograr una mayor aceptación por parte de los ciudadanos. En este sentido, respalda una alianza entre los sectores público (creador de políticas), privado (implementadores), académico (investigación), civil (representativo de población) y un quinto elemento formado por los emprendedores sociales (gestores del cambio). La estrategia de smart city debe tener en cuenta la soberanía de los datos, que debe garantizar la privacidad de la información de los ciudadanos pero también habilitar una economía de datos de la que esos mismos ciudadanos y la ciudad en su conjunto puedan beneficiarse.

Por último, no podemos hablar de una estrategia de datos sin una seguridad que la acompañe. Una seguridad que debe incorporarse por defecto. Estamos hablando de gran cantidad de dispositivos conectados y este ámbito todavía se enfrenta a grandes retos y desafíos. Las soluciones cloud contemplan este aspecto y blockchain también puede ser una oportunidad para el desarrollo de seguridad en dispositivos IoT.

Con todo, la seguridad de este tipo de redes debe basarse en gestión del riesgo. Los ataques de seguridad evolucionan constantemente y cada vez es más difícil evitarlos. Se trata de estar preparados para detectarlos, anticiparlos, gestionarlos y neutralizarlos buscando el mínimo impacto.

Imagen: geralt/pixabay

Sobre el autor

Sara Martínez García

Sara Martínez García

Ingeniera de Telecomunicaciones con experiencia directa en el diseño de redes de comunicación, consultoría y videoconferencia. Actualmente trabajo en Telefónica en el Departamento de Ingeniería Especializada LAN, en el cual nos enfocamos en soluciones para Grandes Clientes. Entusiasta y amante de los retos. De mentalidad curiosa y siempre dispuesta a seguir aprendiendo.
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