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Innovación
31 de enero de 2019

Tecnología bajo la piel: cuando la máquina va por dentro

Tecnología bajo la piel: cuando la máquina va por dentro

Tecnología bajo la piel: cuando la máquina va por dentro

Escrito por , 31/01/2019

Tradicionalmente el interfaz hombre-máquina (Human Machine Interface -HMI en sus siglas en inglés) se ha referido a la herramienta utilizada por operarios y supervisores de línea para coordinar y controlar procesos industriales y de fabricación pero, como nada permanece inalterable en tecnología mucho tiempo, esto ha cambiado de sopetón.

El concepto del interfaz hombre-máquina está ahora mismo en el centro de uno de los huracanes tecnológicos del momento porque puede cambiar totalmente la propia idea de interacción.

Avanzamos desde teclados y pantallas táctiles con niveles de presión, ya en uso hoy en día, a otros estadios, como el que ya se vislumbra en Suecia con una iniciativa para la implantación de chips en personas. Esta práctica permite que un microprocesador personal almacene informaciones y capacidades que ahora mismo tenemos a través de tarjetas, llaves y semejantes. La idea, en suma, es abrir puertas con un gesto de la mano, acceder al metro con un giro de muñeca o, tal vez, pagar con el mismo tipo de gesto.

Puede que estemos más cerca de la generalización de los grinders, de los que ya escribía un compañero. Personalmente en su día disfruté de una primera pincelada de este concepto al tener un coche sin llave como tal. En la actualidad es más común, pero en su momento fue muy innovador.

Más allá de las posibles cuestiones sanitarias o de privacidad que podrían implicar trasplantes de este tipo, está el riesgo del robo de información. Yo mismo tengo mi tarjeta bancaria contactless protegida por una fundita.

Pero si la aplicabilidad y la seguridad avanzan lo suficiente, mañana mismo las opciones podrían ser abrumadoras. Podríamos oler por Internet. Sí, ¿por qué no? Es algo en lo que se lleva años trabajando en diferentes universidades y centros de investigación.

En esta misma línea, y teniendo en cuenta que algunas prótesis de última generación (brazos, manos) transmiten sensaciones al cuerpo (y, por ende, al cerebro) de forma que se pueden “sentir”, ¿por qué no transmitirla a distancia? Eso permitiría que robots médicos como Da Vinci pudieran manejarse como si fuesen un juego más de extremidades del cirujano, sin necesidad de que el cirujano moviese sus manos, que no es más que replicar el movimiento a distancia, sino controlando directamente el robot de operación, como si fuese una extensión de su cerebro.

Lo que quiero decir es que frente a la idea de que hay cosas “que no van a cambiar nunca”, o lo están haciendo ya o lo van a hacer en breve y, además, la combinación de tecnologías, como ya se explicaba en este blog, va a propiciar cambios aún mucho mayores.

Combinar realidad aumentada con capacidad sensorial a distancia o incorporar inteligencias artificiales a nuestros chips podría hacer, por ejemplo, que llevásemos siempre con nosotros a Mastuerzo, nuestra inteligencia artificial personal.

O también, yendo un paso más allá, podríamos pensar en una futura publicidad sensorial, de una agencia de viajes, la cual a través de nuestro interfaz sensorial para conexiones remotas nos podría hacer sentir, oler y casi acariciar esa playa de Bora-Bora, donde Mastuerzo nos informará también sobre qué barman hace los daiquiris más deliciosos.

¿A dónde llegaremos?, ¿a almacenar recuerdos como en una conocida serie de ciencia ficción?, ¿a almacenar sensaciones? ¿No hay algunas cosas que a veces os gustaría volver a sentir?

Imagen: Angel-Kun/pixabay 

Sobre el autor

Manuel García Gil

Manuel García Gil

Ingeniero técnico industrial (electrónica industrial y automatización), con eMBA en dirección de empresas. Llevo en el sector TI desde el año 2000 que me incorporé a Nortel, después pasé por Dominion, Cisco, Alien Vault y Colt. En la actualidad trabajo en venta especialista global de cloud en Telefónica, desde donde presto soporte a multinacionales para desarrollar oportunidades multipaís con la propuesta de valor de Telefónica en la nube
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